Se trata de pequeños huecos (hornacinas) situados en las esquinas y las fachadas de muchos edificios de la localidad (se han inventariado más de 40), rematados con arco de medio punto y protegidos con marco de madera y cristal protector. En algunas el soporte se talla en un solo bloque de canto que queda empotrado en el muro.
Varias son las interpretaciones que intentan explicar su origen y función: una continuidad del larario romano, la necesidad que tenían los moriscos de demostrar la sinceridad de su conversión, factores de identificación vecinal con ocasión de las fiestas del Corpus Christi, relacionadas con la religión tradicional, como resultado de las devociones propagadas por las órdenes religiosas (la práctica del rezo del rosario, la práctica del Vía Crucis, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María).
El Día de la Cruz (mes de mayo) cobran un protagonismo muy especial y las cruces de su interior se adornan (se visten, según la expresión popular) con flores y su entorno se prepara para la celebración vecinal.
Estos elementos patrimoniales constituyen un elemento representativo de la religiosidad popular andaluza, definiendo y personalizando la identidad cultural de Casarabonela, y poseen un innegable interés histórico, artístico y etnológico.
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