En su diálogo secular y milenario con su entorno natural, las gentes que habitan la Reserva Mundial de la Biosfera Sierra de las Nieves han desarrollado una serie de oficios y aprovechamientos de los recursos, que forman parte de su acervo cultural inmaterial.
Los recursos que ha brindado la naturaleza han sido manipulados y transformados por la mano del ser humano a lo largo de miles de años para satisfacer sus necesidades, legándose los conocimientos técnicos de padres a hijos, de generación en generación, de siglo en siglo…
Aunque destaca el aprovechamiento de las fibras vegetales como el esparto, la palma, la juncia, la caña… también el trabajo de la madera, del corcho, del cuero o el del barro cubrieron las necesidades diarias de estas poblaciones. La llegada de nuevos materiales, particularmente el plástico, casi hicieron sucumbir miles de años de saberes y tradición artesana, que han sabido sobrevivir buscando otros caminos, como el turismo.
Hoy día la artesanía representa una de sus expresiones culturales más valiosas y a la vez, más frágiles.
Como decíamos, el aprovechamiento y trabajo de determinadas fibras vegetales como el esparto y la palma, ha sido el más extendido a lo largo y ancho de toda la Reserva Mundial de la Biosfera Sierra de las Nieves, dada su abundancia en un territorio que es muy propicio para la proliferación de este tipo de plantas.
Su trabajo, desde la recogida, pasando por su procesamiento hasta su manipulación para transformarlo en todo tipo de elementos y enseres para la vida diaria, siempre fue muy duro. Estas plantas había que recogerlas a mano en la sierra, en determinadas fechas. Luego seguían un tratamiento para su posterior manipulación. Unas se dejaban secar, mientras que otras, que se iban a emplear para determinados enseres, se sumergían en agua durante días o semanas.

Con el esparto y mediante la técnica del trenzado, en secado se hacían capachos, rondeles para los molinos de aceite, seras, serones para las bestias, pasillos, magüelas para los cañizos… mientras que humedecido y majado (golpeado), se trabajaba para elaborar cuerdas, alpargatas, hondas… Con las hojas de la palma se hacían cestos, sombreros, ceretes… Además del valor sus ancestrales técnicas, no perdamos de vista que se empleaba un lenguaje que hoy día se está perdiendo y que forma parte del acervo cultural.
El trabajo de estas fibras vegetales, a los que podemos unir la caña, la juncia y el junco en menor medida, era realizado por familias humildes y jornaleras. Fueron muchísimas las mujeres que se dedicaban a este trabajo. En muchas ocasiones fueron familias enteras que, al no tener un trabajo fijo o un campo, debían vender de cualquier manera y a cualquier precio su fuerza de trabajo.
El trabajo de las fibras vegetales es un tesoro de memoria y de patrimonio inmaterial que forma parte de la identidad de esta tierra desde hace miles de años.

En la Sierra de las Nieves la mayor tradición alfarera ha sido la relacionada con la elaboración de elementos para la construcción, primordialmente tejas y ladrillos. En muchas de estas poblaciones hubo humildes tejares de los que salieron las tejas que componían las cubiertas de muchas de sus casas y las fachadas de los edificios más importantes.
Tejares hubo en Monda y en Alozaina, dónde todavía se conserva como vestigio de un oficio completamente desaparecido. Sabemos que hubo otro en Yunquera del que casi con total seguridad, salieron los ladrillos con los que se construyó su “Castillo”, la conocida Torre Vigía de Yunquera, donde tuvo lugar un enfrentamiento entre las fuerzas francesas y las españolas durante la Guerra de Independencia.
Pero fiel a su espíritu resiliente, las gentes de la Sierra de las Nieves han sabido reorientar el trabajo del barro hacia la alfarería tradicional. En Alozaina, por ejemplo, existen iniciativas vinculadas a la recuperación de la alfarería tradicional manteniendo vivo un oficio que combina técnica, paciencia y sensibilidad. Destaca el taller Cerámica Pascual Cózar, dedicado a la fabricación de alfarería tradicional y a la recuperación del patrimonio cultural inmaterial del oficio artesano en la comarca, donde también se imparten talleres de aprendizaje.
Para el visitante, acercarse a un taller de cerámica es descubrir un ritmo diferente. Es ver cómo una materia sencilla se convierte, poco a poco, en una pieza única.
Otros materiales ampliamente utilizados en la artesanía han sido la madera, el corcho y el cuero, para elaborar enseres con los que afrontar los trabajos agrícolas y la vida diaria. Con la madera se ha fabricado multitud de utensilios para la vida doméstica como dornillos, cucharas, tenedores, bancos, mesas, tablas para lavar la ropa… y para el trabajo cotidiano: trillos, herramientas… Con corcho, además de emplearse para múltiples enseres, también se construían colmenas hasta hace muy pocos años. El cuero se empleaba primordialmente para el correaje de los animales y de las bestias. Estos elementos pueden contemplarse en los varios museos de artes populares que existen en la Sierra de las Nieves.
Fueron muchos los oficios desempeñados en la Sierra de las Nieves, muchos de ellos ya desaparecidos. Los herreros, en sus fraguas, herraban a las bestias de tiro, arreglaban herramientas de labranza, elaboraban rejas… Había talabarteros que preparaban las guarniciones de las bestias de carga, que fueron desapareciendo conforme desaparecieron ciertos oficios.

De todos los oficios, quizás, el más singular sea del nevero, el de jornalero del hielo. Los neveros acudían a la Sierra de las Nieves tras las nevadas para introducir y comprimir la nieve en pozos, hasta transformarla en hielo. Los pozos eran unas construcciones de piedra circulares de unos ocho o diez metros de diámetro, que se introducían en el suelo unos dos metros. Ahí permanecían hasta el verano, que era sacada y llevada a múltiples lugares para su consumo. Desde aquí se ha surtido de hielo a Málaga, Sevilla, Cádiz… pero también a Ceuta, Tarifa, Algeciras y muchísimas otras poblaciones.

Junto a los oficios tradicionales, la Reserva Mundial de la Biosfera Sierra de las Nieves es hoy el escenario de nuevas expresiones artísticas. La artesanía actual dialoga con el diseño, la decoración y la creación contemporánea, ofreciendo experiencias culturales abiertas y vibrantes para el visitante.
Citas como la Ruta de Arte y Artesanía de Alozaina reúnen a creadores de diversas disciplinas que abren las puertas de sus talleres al público, complementando el recorrido con exposiciones, música en directo y actividades familiares. Por su parte, iniciativas como Art Tolox transforman el municipio en un dinámico punto de encuentro entre arte y naturaleza, salpicando el entorno rural con performances, conciertos y muestras al aire libre.
Estas propuestas demuestran que la artesanía no es un eco del pasado: es presente, innovación, comunidad y una forma de reinterpretar la tradición a través de nuevos lenguajes.
La artesanía local ofrece una de las múltiples formas de relacionarse con este territorio, de interiorizarlo, mediante el empleo de materiales locales, a través del uso de unas técnicas y unos saberes artesanales ancestrales y por detentar una historia propia.
Llevarse una pieza artesanal de la Sierra de las Nieves es mucho más que comprar un simple recuerdo: es salvaguardar un legado. A través de ferias, mercados tradicionales, pequeñas tiendas y talleres locales, el visitante descubrirá objetos únicos, modelados con materiales naturales y técnicas heredadas de generación en generación. Cada pieza narra una historia de tres dimensiones: la de las manos que le dieron forma; la de la materia que la compone y la de la tierra que la inspiró.
Los productos artesanos de la Sierra de las Nieves se realizan con los materiales del entorno. Por tanto, la adquisición de artesanía local contribuye, en primer lugar, a mantener unos oficios tradicionales que de otra forma habrían desaparecido y, por otro, a mantener unos paisajes irrepetibles de los que se extraen esos materiales a transformar.
Más allá de sus paisajes, de sus bosques, de sus montañas y de sus ríos, la Reserva Mundial de la Biosfera Sierra de las Nieves tiene muchísimo que ofrecer. Y la artesanía se muestra como una majestuosa puerta de entrada para conocer para de la cultura popular local, de sus tradiciones, de cómo se vivía en un ayer no tan lejano.
Visitar talleres, participar en actividades, recorrer rutas de arte, comprar productos locales o simplemente observar el trabajo de un artesano, son maneras de conectar con la esencia del territorio.
En este territorio, la artesanía sigue teniendo manos, rostros, nombres y memoria. Y eso la convierte en una experiencia auténtica para quienes buscan algo más que una visita: la oportunidad de llevarse consigo un pedazo vivo de la sierra.