Repartidas por todo el casco urbano existen multitud de fuentes, dada la abundancia de agua procedente del Río Molinos, que satisfacían las necesidades de personas y animales en un tiempo no muy lejano en que no existía el suministro individualizado para cada vivienda. Suelen tener el pilón de ladrillo adosado a una estructura cubierta por baldosines cerámicos.
De todas ellas la más emblemática es la fuente y lavadero de El Chorro. Se encuentra remodelada, habiendo sido dotada de un frontis piramidal cubierto de azulejería cerámica que reproducen algunos motivos campestres. Se remata con el escudo de Istán y una placa de mármol que hace referencias a arreglos anteriores. De ese frontis brotan siete caños de agua surtidos por el Río Molinos. En el pilar es claramente perceptible el desgaste provocado en la piedra por el trajín de vasijas y cántaros en su incansable y ir y venir repetido hasta la saciedad durante siglos. A su lado se emplaza un pequeño lavadero alargado y cubierto con arcos de ladrillo de medio punto, donde se colocan una serie de pilas de lavar ya muy gastadas por el uso.
Estas fuentes y el lavadero, así como las huertas son avenadas por una red de acequias que hunde sus raíces en el mundo islámico. La más destacada de ellas es la denominada Acequia de El Chorro. Ésta se puede recorrer realizando uno de los paseos rurales más encantadores de toda la Sierra de las Nieves, pues discurre por un lugar auténticamente edénico, repleto de agua, huertas y cultivos, que nos lleva al Nacimiento de Abajo y al Nacimiento del Río Molinos.
Calle Chorro, Istán
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