El río de los Molinos de Istán brota inacabable de las entrañas de Sierra Blanca, entre unas rocas; un fenómeno conocido como surgencia. Las sierras calizas, como Sierra Blanca, tienen multitud de oquedades y grietas en su interior, por lo que funcionan como una gran esponja que almacena agua de lluvia en su interior. Cuando la presión es suficiente, el agua busca una salida natural, dando a luz al río Molinos.
Debe su nombre a la existencia de numerosos ingenios hidráulicos harineros, muchos de ellos datados en época andalusí. Con el tiempo cayeron en desuso, pero alguno, como el de San Miguel, sobrevivió algo más como fábrica de luz.
Este caudal debe su nombre a la histórica presencia de ingenios hidráulicos harineros, muchos de ellos datados en la época andalusí. Desde tiempos islámicos, una red arterial de acequias ha canalizado sus aguas para dar vida a las huertas situadas río abajo, que se presentan característicamente aterrazadas y abancaladas, donde los campesinos han desarrollado sus actividades agrarias durante casi un milenio.
El Paseo del Nacimiento nos conduce a través de estas huertas hasta el origen del río. El rumor musical de sus aguas cristalinas, la humedad y el frescor del lugar crean sensaciones que solo se pueden experimentar aquí. Más abajo, las aguas del río Molinos se unen a las del río Verde, que se remansan en el pantano de la Concepción, verdadero abrevadero de la Costa del Sol. De ahí que a Istán se le conozca como “Manantial de la Costa del Sol”.
Diseminado Diseminados n105, Istán
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